Cerrando círculos.

sábado, 19 de julio de 2008


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.

Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.

Cerrando círculos, o cerrando puertas, o capítulos, como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminaste con tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La amistad se acabó?. Puedes pasarte mucho tiempo revolcándote en los por qués, en devolver el casette y entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito por que en la vida, tú, yo, tus amigos, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado con nosotros, no, ¡Los hechos pasan, y hay que dejarlos ir!.

Por eso a veces es importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse, en la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a ganar y a perder. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó.

No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez, se den cuenta de quién eres tú. Suelta el sentimiento, el prender “tu televisor” personal para darle y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando “Puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no se clausuran, posibilidades de regresar ( ¿A qué?) necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que te invadieron. Si puedes enfrentarlo ahora, ya, hazlo, si no, déjalo ir, cierra capítulos.

Dite a tí mismo que no, que no vuelves, pero no por orgullo, ni por soberbia, sino por que ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.

Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, por que nada en la vida se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor propio, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable, ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir, por que cuando llegaste a este mundo, llegaste sin ese adeshivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse, y humanamente, se puede lograr porque, repito, nada ni nadie es indispensable, sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta, hay tantas palabras para significar salud mental, y cualquiera sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. Ésa es la vida.

Paulo Cohelo.

La vida no es dolor, es alegría

viernes, 18 de julio de 2008

La vida no es dolor, la vida es la actitud que pones frente a ella, la actitud con la que te enfrentas a cada acontecimiento que se te presenta.
La vida es hermosa, es felicidad, es alegría, es luz, sólo que muchas personas (muchísimas, lamentablemente) no se dan cuenta. Buscan afuera de sí mismos, buscan dinero, aprobación de otros, amor de otros, el pasado siempre está allí y viven lamentándose de él. El pasado ya pasó, perdona y olvida, perdonate primero a vos mismo, y después a los demás. ¿De qué sirve lamentarte?, ¿De qué sirve preocuparte?, ¿De qué sirve carcomerte en la duda de lo que fue o de lo que puso haber sido?. Absolutamente, no te sirve para nada. Date cuenta que el momento es AHORA, HOY, YA. Disfruta de las plantas, de planear tu futuro, de esperar lo mejor, crea en tu mente una visión hermosa y no permitas que lo negativo invada tu espacio. Llénate de amor por vos mismo, salí a la calle, sonreíle a las personas, a las plantas, a los animales, a lo que ames, y a lo que te desagrade también, verás que de esta manera, lo desagradable se vuelve agradable.
Ya lo dije antes, el poder está en tu mente. Nadie tiene por qué interferir en lo que elijas hacer o deshacer.
Las personas tienen el pensamiento de que todo es dolor, que todo es sacrificio, que todo se pierde, que todo está para pelearlo. Y no es tan así. Los desafíos están allí para enseñarnos, para cambiarnos y hacernos mejores de lo que somos. Hay en tu interior una energía maravillosa que es capaz de mover montañas, de crear milagros, de generarte placer en todos los aspectos de tu vida. Cuando entendés que el presente es todo lo que importa, cuando aprendes a decirle a tu mente que disfrute de las pequeñas cosas, cuando te llenas de energía, de ganas, de alegría, tu vida jamás volverá a ser la misma.
Creéme. Sos único, irrepetible, hermoso, puro, y todo lo que quieras lo podés tener, sólo tenes que proponértelo, y aceptarlo cuando llega. Aceptate tal como sos, sin miedo, sin dudas, sin nada que te frene. Por que todo lo que te paraliza, te hace infeliz.
Vive, sueña, deja que la vida te sorprenda día a día. Sé feliz.
Te quiero.
 

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Cuenta conmigo

lunes, 14 de julio de 2008

Cuenta conmigo cuando sientas que la soledad empieza a pesarte, cuando no halles la salida, cuando te sientas en medio de la oscuridad...
Cuenta conmigo cuando los demás dejen de estar, cuando te sientas perdido, cuando no sepas confiar...
Cuenta conmigo cuando las cosas no van bien, cuando te sientas obstruido, cuando no sepas qué hacer, cuando el laberinto de la vida te pierda y no sepas dónde está la brújula que te lleva el comienzo...
Cuenta conmigo cuando te pese levantarte a la mañana, cuando te pese la sonrisa, cuando olvides cómo era disfrutar,
cuenta conmigo, un lunes, un domingo, una tarde, una lluvia, cuando sea y donde sea, no importa el lugar, importa que estoy...
Cuenta conmigo, no temas más, no hay nada que pueda destruirte mientras sepas afrontar los hechos de la vidas, las trabas y las demandas...
Cuenta conmigo, amigo, en todo momento y lugar, soy tu ventana, soy tus alas, yo sé que te puedo estimular...
Cuenta conmigo, cuando no sepas quién eres, cuando no tengas a dónde correr, la valentía te llena de fuerzas, si te sientes cobarde, estoy aquí para recordarte, que todo lo puedes...

Te quiero.

Más allá del silencio.


Más allá del silencio. Cuando se apaga la luz. Cuando volvemos a estar solos, a conversar con nuestro interior. Cuando no entendemos por qué, cuando no sabemos dónde, cuando la vida nos mira y pareciera que nosotros fuéramos otros, lejos, nos vemos ahí, parados, actuando, armando y desarmando cadenas de emociones y sentimientos.
Más allá del silencio, donde nada llega a tus oídos, donde pareciera que nada puede perturbarte, aunque sin embargo, te acosa la conciencia de tal manera, que te preguntas: ¿Qué es lo que me estoy perdiendo?, ¿Qué es lo que no escucho, cuando llega la noche, cuando nadie me ve?... ¿Cuántas cosas no sé, cuántas cosas están allí, y no las puedo ver?. ¿Cuántas veces me has llamado, y no pude socorrerte, simplemente por que no me enteré, por que no oí tu voz?.
Más allá del silencio, descubrí un don, un don que pocos conocen y nadie sabe decir. El don de ver más allá de los ruidos, de la gente que habla sin parar, y sin embargo, no dice nada. El poder distinguir, cuando alguien te aprecia, y lo hace de veras, de cuando alguien te alaba, y esconde su furia, su envidia, sin saber realmente, que él, es tan único y magnífico como yo.
El don de ver desde lejos, las emociones de los demás, de reconocer genuinamente, quién es quién, a la hora de amar, a la hora de ser, a la hora de sentir. Estoy parada aquí, a sólo cuatro metros de distancia de tu presencia, no te oigo, pero te veo, no te conozco, pero sé mucho de vos, incluso lo que estas pronunciando, sintiendo y esperando de los otros.
Más allá del silencio, descubrí que a lo mejor, la razón de no oírte, es para que aprenda a reconocerte, sin juzgarte por tus palabras, sin admirarte por que podrías mentirme. Sin el eco de las palabras, más allá del silencio, no necesito nada, por que tu mirada, me lo dice todo. Tus manos, me informan demasiado, tu actitud, es sólo un refugio, en el que ocultas lo que no quieres que los demás vean de tí. Ser genuino, transparente, sincero, es un don también. Quizás si tuviera los oídos que los demás tienen... todos estos dones, no los hubiera conocido.
Eso no quita que quiera salir de esta "condición", aprendí de la experiencia de no escuchar, aprendí a ver más allá. Ahora te escucho, y quiero más. Tengo derecho, por que existo, soy, espero, sueño, lucho y anhelo. Y lo voy a conseguir. Le guste o no... al mundo.